EL SOCIALISMO, RED CAPITALISTA.

Aparecido en la revista “ACCIÓN POPULAR” Nº 1 Marzo de 1932. Quito – Ecuador.

Los ecuatorianos debemos tratar los grandes problemas sociales desde un punto de vista netamente nuestro. De modo que, al hablar de socialismo o capitalismo, tenemos que considerar el capitalismo y el posible capitalismo nuestros. Los transplantes, las copias, hasta los ejemplos extraños tomados al pie de la letra, significan de hecho un sofisma y un error intencionado.

Cansa ya tanta palabrería sobre capitalismo. ¿En dónde están las grandes empresas capitalistas en el Ecuador, en dónde los formidables trusts, las poderosas asociaciones de exportación o de importación? La mayoría ecuatoriana vive de la agricultura y el erario; por consiguiente el empleo del capital ecuatoriano se reduce a los propietarios de haciendas y a los acaparadores de los buenos empleos. Ambos casos de capital van directa o indirectamente a parar en la negociación bancaria. Las demás formas de vida, como el comercio, las industrias, el ejercicio profesional, corresponden a una minoría. ¿En qué, está pues, el problema de nuestra organización nacional? Únicamente en el problema agrario y en las instituciones administrativas del Estado y en las bancarias. Reformando esto convenientemente, ya sea por indispensable y urgente; cierta limitación y difusión de la propiedad; ya por las demás leyes que serían; protección del obrero por medio del salario mínimo en cada provincia, por medio de las leyes de invalidez, accidentes de trabajo, ganancia anula del propietario para la participación anual de los trabajadores en ella, protección y defensa de la maternidad, etc.; por otra parte, transformada la organización del Estado, de manera que no tengamos el caso de un señor llamado presidente de la República sea el amo omnipotente; y por fin, limitada la acción bancaria en el sentido de los tipos de interés tanto para los accionistas y depositantes como para los deudores, ¿qué papel haría entre nosotros, país pequeño y empobrecido, casi deshabitado, incipiente en todo, un socialismo importado, absurdo en muchos puntos para nuestra realidad?

¿Quién no está de acuerdo con la mayoría de que hay muchos vicios y errores que enmendar, de que la educación debe ser ampliada y reformada inmensamente, de que el militarismo debe desaparecer para que el ejército sea defensor y no zanganería, de que los impuestos es preciso que estén de acuerdo no con tal o cual actividad sino con la que cada individuo posee, de que la Universidad tiene que tender a la industria sobre la todo y a la técnica agrícola, etc. etc.? ¿Para esto hace falta una revolución comunista? ¿Para esto hemos de mendigar a Rusia?

El capital necesita orientación, y debe aceptar obligaciones sociales, eso es todo. El capital no desaparecerá nunca, en una u otra forma, porque corresponde al esfuerzo de quién trabaja y es capaz, sobre quien es vencido en la vida por causa de la pereza o por incapacidad e cualquier sentido. Hablo a base del establecimiento de las reformas enunciadas, y me refiero siempre al Ecuador.

El socialismo no es más que una gran institución capitalista, única por el ahogo de las demás, absolutista, absorbente, todopoderosa y tiránica. En vez de ser fulano, o tal sociedad, o cualquiera entidad, el Estado socialista es el dueño de todo, de las tierras, del esfuerzo individual, de la ciencia y del arte, de las industrias, del comercio. El es el amo tiránico. De la pequeña opresión habremos pasado a la grande, a la invencible, con todas las injusticias que tienen los llegados al poder, con todas las vergüenzas de los arribismos y de los manejos políticos. El de arriba dominará sobre todos, “para bien de toda la sociedad”, porque para el poder se escogerán los mejores hombres, según la voluntad popular manifestada en elecciones libres. Quienes laboraron por el triunfo del socialismo serán los ungidos con los mejores cargos públicos, vivirán ya lejos de a pobreza en que se ahogan dentro del régimen capitalista actual.

Lo que se pretende es la difusión socialista y comunista no es sino un cambio de nombres, en el gobierno, en los negocios en general, en las haciendas y en las casas. Los dueños legítimos deben pasar a obreros, y los triunfadores tienen que ser los nuevos amos.

Se alega que gran parte de los bienes actuales han sido adquiridos por herencia y no por trabajo. Bastaría reformar la ley de herencias. Es absolutista pedir que el Estado socialista sea el único heredero. ¿Y, quién es el Estado socialista, al fin y al cabo, sino los hombres que estén en el poder más o menos transitoriamente? ¿Y esos hombres estarán libres de negociados, de maquinaciones, de injustitas, de favoritismos y compadronazgos? ¿La ley será suficiente control? ¿Acaso el supremo control no consiste sino en la convicción, en la conciencia personal? ¿El socialismo sería capaz de destruir o de reducir por lo menos el personalismo?

Fácil es hacer literatura sobe puntos aislados: muy sencillo es protestar y gritar sobre la opresión del obrero, absolutismo de os capitalistas, lujo de los bares y teatros, riqueza de los vestidos y adornos palaciegos en cada casa. La destrucción es muy sencilla; basta tener audacia o primitivismo. Lo importante está en la construcción. La total destrucción significa el retardo en edificar, reformar lo existente es lo lógico y normal, a base de estudio, no de snobismo. La palabra “izquierda” carece de sentido lógico y si está llena de sofisma por deficiencia o por segunda intención. El progreso es fruto de la evolución y de libertad, de libertad ante todo, con una gran base de experiencia.

Alfonso Rumazo Gonzáles.

(Historiador latacungueño, Profesor Honorario de la Universidad Simón Rodríguez de Caracas. Miembro de Número de la Academia Ecuatoriana de la Historia, correspondiente de la Academia Venezolana de la Historia; de Número de la Academia Ecuatoriana de la Lengua, correspondiente de la Española y correspondiente de la Academia Venezolana de la Lengua, autor entre otras obras de: Manuela Sáenz, la Libertadora del Libertador (dieciséis ediciones); Bolívar (quince ediciones); Gobernantes del Ecuador (Premio de la Academia Ecuatoriana de la Historia); Enrique Olaya Herrera; O’Leary, edecán del Libertador (tres ediciones); El Congreso de 1933; Miranda; Schweitzer; Sucre, Gran Mariscal de Ayacucho (once ediciones); Simón Rodríguez, Maestro de América (Premio Municipal de Caracas, 1976); El General San Martín, su vida y su acción continental, en relación con la historia de Bolívar (Premio de la Academia Nacional de la Historia, Caracas, 1980 – dos ediciones); Miranda (dos ediciones); José Martí (dos ediciones); 8 Grandes Biografías – Edición de la Presidencia de la República de Venezuela, Condecorado múltiples veces por varios países de Hispanoamérica por su obra.

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