¿Modernidad en el pensamiento de Hobbes?

Un vistazo al Leviatán como un intento por rescatar al estado tradicional frente al liberalismo de Locke, paradigma de los gobiernos actuales
POR: EDU (2008.01.20)
Introducción
El objeto del presente ensayo, es el de analizar la figura del Leviatán en el estado de Hobbes como un intento por retomar valores que estaban presentes en la construcción del estado tradicional, tales como la omnipotencia, la trascendencia propia de los estados tradicionales. Para ello me basaré en la obra del gran jurista y politólogo alemán Carl Schmitt y su libro “El Leviatán en el estado de Hobbes”, y en el pensamiento del filósofo italiano Julius Evola, muy conocido por su pensamiento tradicionalista y su rechazo a la modernidad.
Compararé la figura del Leviatán, como valor tradicional propio el estado tradicional, con la obra del inglés Locke, el cual propone, un estado poco o nada intervencionista, más que nada garante del derecho a la propiedad, como fuente de la que emana los derechos del hombre.
Como bien lo señala el profesor argentino Marcos Ghio[1] “donde más se percibe la profunda diferencia existente entre el mundo moderno y el tradicional es en lo relativo al concepto de estado”[2]. Tradicionalmente el estado ha implicado un sinónimo de estabilidad, de permanencia y de equilibrio en un mundo signado por el cambio y el incesante devenir[3]. El fin del estado estaba muy lejos de ser un mero administrador de la sociedad para obtener bienestar
El que gobernaba en el estado tradicional tenía como función de elevar a los gobernados a los caminos más elevados de la eternidad; Hobbes intenta que el Leviatán sea el encargado de hacerlo, representaba un paradigma, un ser de otra naturaleza tal como se concebía al gobernante en el estado tradicional.
Locke en cambio al hablar de un estado administrador y garante de la propiedad privada se enmarca en una desviación economicista y materialista propia de la era moderna, los sistemas políticos actuales se encuentran inspirados justamente en esos criterios, sistemas que únicamente buscan un progreso material, el mismo que se mide por ya sea por un avance tecnológico o en la acumulación de bienes, quedando relegado aquel fin tradicional de elevar moral y espiritualmente a las personas, algo inconcebible para la actual mentalidad
En este sentido, se puede afirmar que mientras la filosofía política antigua se basaba en la virtud, – manteniéndose aparentemente esta característica aun en los inicios del pensamiento liberal moderno -, la filosofía político moderna por su parte intentará paulatinamente a ignorar la virtud, por considerarla inalcanzable, peligrosa o poco útil, abocándose entonces en su reemplazo a la defensa de la libertad individual, mucho más factible y realizable que la anterior. Aquí la política comienza a perder su verdadera esencia, la virtud se la reemplaza por el poder del dinero
Tres pensadores según Carl Schmitt[4] luego de un largo período de desconocimiento total del sentido y del valor de sus doctrinas, debido al imperio de la mentalidad racionalista en boga hasta ayer, parecen ya destinados a una nueva valorización. El primero es Vico. El segundo Macchiavello. El último de ellos es Thomas Hobbes.
En cuanto a Hobbes, Carl Schmitt mismo se ha desempeñado en rehabilitarlo y en precisar el verdadero sentido de su doctrina política en su obra titulada “El Leviatán en el estado de Hobbes”.
La doctrina política de Hobbes, como es conocido por todos, se centra en el Leviatán, un símbolo, el cual para Julius Evola, evoca una reminiscencia bíblica, la primera vez que se habla del Leviatán la encontramos en la Biblia en los capítulos 40, 41 del Libro de Job, el mismo que es descrito como la más poderosa bestia del mar, indomable y dominadora. Los adversarios de los postulados de Hobbes se basan justamente en esta cualidad, ven ellos a un Leviatán que arrasa con las cosas, cual bestia indomable y feroz
Hobbes según Evola trató de representar a un tipo casi místico del totalitarismo político, al estado que es a un mismo tiempo, hombre dios y máquina[5] y que representa para sí la suprema autoridad y el supremo derecho.
El Estado para Hobbes debe volver a ser un deus mortalis, como lo señala Evola, es decir algo “trascendente”. Contrario a lo que podemos encontrar en pensadores como Rousseau, Locke, los cuales reducen la figura del estado a la de un administrador de la sociedad. Así pues hoy al hablar de gobierno, se confunde tal actividad con la de simple administración, siendo el gobernante un simple gerente de una macro empresa llamada nación[6]
Schmitt al hablar sobre el soberano dice “El soberano no es defensor pacis como de una paz que se refiere a Dios; él es el creator pacis, de una paz tan solo terrena. El proceso es el inverso de el del derecho divino, puesto que el poder del estado es omnipotente y solo por esto asume un carácter divino”[7] Continúa Schmitt. “Pero su omnipotencia tiene un origen para nada divino, es obra humana que se hace acto a través de un contrato estipulado por los hombres. El elemento decisivo aquí es que tal contrato no refleja, como en la concepción medieval, la realidad de un ente colectivo creado por Dios, un orden natural preexistente; al contrario, el estado cual orden y ente colectivo es el resultado del intelecto y del poder creativo humano y surge a la vida sólo a través del contrato”[8]. Pues bien, este contrato es concebido en modo totalmente individualista, “ en el cual los sujetos se encuentran en una angustia y surge entonces un consenso en términos de sumisión general e incondicional ante la potencia suprema”[9] concluye Schmitt.
Es así que en la figura armada y coronada del Leviatán, el cuerpo del mismo es representado como compuesto por una infinita multitud. Los sujetos que integran este Leviatán, evocan en él reconociendo un único camino para la salvación, la seguridad, la paz, etc., pero con ello evocan algo trascendente, algo que va más allá de la suma y de la individualidad de todo contrayente, algo que con respecto al cual ellos, por hipótesis, no tendrán más algún poder.
De aquí según mi criterio la trascendencia en cuanto a la figura mítica del Leviatán, diferente a las concepciones de Locke o Rousseau en cuanto a la figura del Estado.
Para la época en que vivió y desarrolló su pensamiento Hobbes, la técnica-industrial no se conocía, por lo que una máquina constituía algo mágico o místico, y justamente la imagen del Leviatán como máquina viene a sumar las demás cualidades que el inglés le atribuía al Leviatán- Dios, hombre, bestia y máquina. Schmitt lo concibe como un magnum artificium, creado por los hombres y técnicamente perfecto, una máquina que tiene en sí misma su verdad y su derecho[10]
Para comprender en su verdadero alcance a la teoría de Hobbes, a criterio de Evola, se la debe considerarla no en sí, en abstracto, sino en función de su verdadero lugar histórico.
El Leviatán es el intento por salvar y preservar las formas sobrevivientes, en especial a la idea de que la fuerza animadora de un estado venía de lo alto, y no precisamente de los hombres ni de ningún contrato social, intento de conservar así mismo el carácter absoluto y la pretensión suprema de autoridad, que provenía de principios suprapolíticos.
Con la denominación del estado de naturaleza, Hobbes al encontrarse en una situación en la cual no existían más hombres capaces de despertar en los sujetos la capacidad heroica de obediencia y de un reconocimiento sobre la base de principios supraindividuales y supramateriales, busca un nuevo mito y un nuevo fundamento contractualista con la adicionada teoría del estado de naturaleza.
El Leviatán es presentado como un máquina de construcción solamente humana, su cuerpo o sustancia aparece ya constituida por la masa, sin embargo el mismo conserva algunos rasgos propios del antiguo estado tradicional, el mismo reivindica para sí la unidad de los dos poderes, el estado es divino.
John Locke, considerado el padre del liberalismo moderno, propone que la soberanía emana del pueblo, que la propiedad privada es el derecho básico, anterior a la constitución de los estados, y que el Estado tiene como misión principal proteger ese derecho, así como las libertades individuales de los ciudadanos. También sostiene que el gobierno debe estar constituido por un parlamento y que, anticipándose a Montesquieu, el poder legislativo y el judicial han de estar separados. Así, el rey está sometido a las leyes.
Locke basa sus postulados para la construcción del estado en la propiedad, y su reconocimiento en el ordenamiento legal, no toma valores supramateriales, sino elementos netamente materiales, parte de un hecho meramente material y con un criterio economicista, distinto al origen místico del Leviatán Hobbesiano.
Locke dice “Siendo todos los hombres, cual se dijo, por naturaleza libres, iguales e independientes, nadie podrá ser sustraído a ese estado y sometido al poder político de otro sin su consentimineto, el cual se declara conviniendo con otros hombres juntarse y unirse en comunidad para vivir cómoda, resguardad y pacíficamente, lino con otros, en el afianzado disfrute de sus propiedades, y con mayor seguridad contra los que fuere ajenos al acuerdo”[11]
Si comparamos filosóficamente a Hobbes y a Locke en cuanto al origen y motivos de una sociedad política las diferencias ideológicas saltan a la vista, Hobbes como señalamos anteriormente ve en el Leviatán al salvador, al dios omnipotente, que nace eso si de la voluntad de los hombres, pero le otorga cualidades propias del estado tradicional[12]; Locke en cambio al hablar del fin de los gobiernos como la preservación de la propiedad, utiliza un criterio materialista por antonomasia, el cual guía a los actuales gobiernos liberales, que ven en la economía el medio y fin del estado.
[1] Marcos Ghio, argentino, reconocido por su pensamiento tradicional, director del Centro de Estudios Evolianos en Buenos Aires
[2] Prólogo del libro el Estado Tradicional de Julius Evoca, Ediciones Hercales, Buenos Aires, 2002, p.7
[3] Ibid, p7
[4] Citado por Evola en su célebre obra “El Estado Tradicional”, Ediciones Herclaes, Buenos Aires,p105
[5] EVOLA, Julius, “El Estado Tradicional,” Ediciones Herácles, Buenos Aires, 2002
[6] Prólogo del libro el Estado Tradicional de Julius Evoca, Ediciones Hercales, Buenos Aires, 2002, p.8
[7] EVOLA, Julius, “El Estado Tradicional,” Ediciones Herácles, Buenos Aires, 2002,p106
[8] Idem
[9] Idem
[10] Idem
[11] LOCKE, John, Ensayos sobre el gobierno civil, extraído de la web,pág.23
[12] En la portada de la primera edición del Leviatán, observamos a una figura mística, con la espada en sus manos, evocando al Imperio
Nota : Se recomienda para los interesados en profundizar el tema en visitar el blog del filósofo y escritor peruano Eduardo Hernando Nieto: http://eduardohernandonieto.blogspot.com/ , dedicado al estudio de la Política y de la Metapolítica. De dónde se han tomado referencias.