De la fauna política.
Manuel Benjamín Carrión.
Dijo Aristóteles que el hombre es un animal político.
Pues bien vamos a hablar de los animales políticos
de nuestro país.
Vamos a comenzar por uno de los que despierta mayor curiosidad; no por lo que tenga de pintoresco, cuanto por su renombre, surgido de la elegancia de sus movimientos, lo inesperado de sus reacciones y lo altisonante de sus emisiones vocales, sintonizadas con un lento abrir y cerrar de las mandíbulas.
Fue Benjamín en sus mocedades de la categoría de los tímidos mimados puritanos que creen encontrar su camino en la unción religiosa de devotos primarios. Tradición, voces del ancestro, incapacidad para otra cosa que no sea seguir la corriente, o el paso tardo de la manada que le precede. De todo esto debe haber habido en la fuerza vital que informaba su anatomía.
Pero en él había más cálculo que impulso, más conveniencia que misticismo, más comodidad que sacrificio, más concupiscencia que honestidad.
Creyó llegada la hora de estar a tono con la época, juzgó que debía ser un “garçon a la derniere” y optó por utilizar la etiqueta, a la sazón, a la última moda futurista. El antiguo aprendiz de monaguillo, al acólito devoto, se trocó en socialista.
Pero socialista rico y ecónomo. Tenía un buen apellido, alma de burgués, psicología de capitalista. Las tres cosas unidas, más un don de adaptación a las exigencias del ambiente y una tradición familiar que algo pesaba en su acomodaticia figura, le inclinaron al ensayo literario.
Llegó a escribir con soltura. Leído, no daba la sensación de torpe pesadez que de cuando se lo oye.
No le bastó sobresalir literariamente entre los de la especie socialista; quiso ser diplomático. Sus coidearios eran “cholos sucios y con ínfulas”; no sintonizaban con su dinero ni con su apellido, ni con su gran capacidad de ambientación.
Sus coidearios, sin embargo, eran tercos, habían resuelto atacar a un gobierno. Este quiso romper el frente socialista. Atacó por el lado más débil: por la barriga, cómo diría más tarde el cínico Churchill, al referirse a Italia, aliada de la Germania hitlerista.
Y el gobierno de entonces, como Churchill más tarde, acertó; propuso a Benjamín una plenipotencia en México, la que fue aceptad ipso facto. Si el vulnerable abdomen del Partido Socialista había sido Benjamín, este tenía por encima de todo un gran abdomen: abdomen vulnerable de concupiscencia, de apetitos, de vanidad femenina, de curiosidad infantil.
Y se fue a México, a ser “señor diplomático”, arrastrando la expulsión de su partido. El Bellaco salio a la luz.
Pero su partido era de igual calaña. Benjamín y los Oleas eran de la misma especie; se diferenciaban sólo en el lustre de la piel y en el ancestro: una parte de raza y otra de pelamen – y acicalamiento.
Volvió, pues de México, sonrió con el lento y pesado mover de las mandíbulas, enseñó sus amarillentos dientes una y otra vez; fue derrotado en su candidatura para rector de la Universidad, porque sus mismos coidearios le juzgaban poco digno y poco señor pero readmitido al Partido Socialista…
Y asoma más tarde como presidente de la Casa de la Cultura, director de un diario capitalista-marxista y senador por el periodismo.
En los dos primeros papeles se desempeña como buen híbrido de capitalismo y marxismo. Lo mismo en el tercero: cumple con el cometido de sus mandantes, los bellacos periódicos del país. Tal cuales “protesta airado” contra el elemental acto policial de retirar de una pared carteles insultantes.
Dice que se trata de un atentado contra la libertad de pensamiento. Y cuando se produce la huelga de la mafia periodística, él se felicita y proclámase orgulloso y conmovido porque la mafia ha “escrito una de las páginas más gloriosas de la historia ecuatoriana”.
Ha hecho méritos para ser reelegido de senador por la mafia.
Sin embargo, hace pocos días, cuando se reunió el Congreso de Filosofía y el Gobierno ya había adoptado medidas contra algunas bribonadas de la prensa, proclamó que vivimos bajo un régimen en que el Presidente tiene como normas el amor a la libertad y la cultura.
El antiguo ministro de México, el ex –expulsado del Partido Socialista, ratificaba entonces, hace pocos días, lo que nosotros decimos: castigar a una prensa infame es demostrar amor a la libertad y a la cultura.
Aparecido en “COMBATE”, diario-órgano de ARNE,
Quito, Viernes 1º de Mayo de 1953.