EL 10 DE AGOSTO REVISADO
¿Independencia subversiva o Restauración en el Orden Imperial?

Frente a este escudo masónico-alfarista de la republiqueta bananera que somos al momento, hoy en nuestra fecha de la Restauración, proponemos y exigimos el Nuevo Emblema del Nuevo Imperio que deberemos forjar:

Este es el Escudo del Nuevo Imperio, del "Otro Ecuador", del Quito Imperial, porque "un Nuevo Imperio Forjará los Mundos" y las ruinas de este viejo y asqueroso mundo serán arrasadas. ¡Qué muera lo viejo! y ¡Qué viva lo eterno!
“Pueblos de América: La sacrosanta Ley de Jesucristo y el IMPERIO
de Fernando VII, perseguido y desterrado de la Península, han sentado su augusta mansión en Quito…
Dr. Manuel Quiroga en su proclama a los pueblos de América.
4 de Septiembre de 1809.
“Juro por Dios y sobre la cruz de mi espada defender a mi legítimo Rey, Fernando VII, mantener y proteger sus derechos, sostener la pureza de la Santa Iglesia Católica Romana y obedecer a la autoridad constituida”
-Juramento de los próceres del 10 de Agosto de 1809,
¿juramento de “independentistas”?-
“El muy miserable de Fernando (VII), cuando volvió al trono, desconoció el esfuerzo americano en favor de su real trono y nos llamó traidores, ¡basura! Lo único bueno que hizo en su vida fue eliminar la horca (lo cual Dios le habrá tenido en cuenta) porque –el- resto fue una serie de bajezas de todo tipo, incluidas sus rapacerías de tahúr por los prostíbulos de Madrid. Si la tradición sufrió, fue por su culpa. No muchos lo comprendieron y prefirieron mantenerse fieles a la figura real, antes que a la Patria. Así les fue.”
I. Introducción:
La historiografía oficial ha hecho del 10 de Agosto el símbolo de la mal llamada “Independencia”, como su “Primer Grito, y en ambas cosas se equivoca, porque no fue un grito –al menos nadie gritó- , ni fue independista –a menos que jurar fidelidad al monarca y a su imperio sea esto-, ni fue el primero -porque anteriormente ya se habían producido varios movimientos revolucionarios independentistas, el primero de ellos en 1806, cuando Francisco de Miranda –auspiciado por ingleses y masones-, al mando de un ejército que él mismo había conformado, desembarcó en Coro (hoy Venezuela) para iniciar las luchas por la “independencia” de la América Española (en realidad la tan famosa independencia no existió y no existe en la mayoría de los países de Hispanoamérica, que pasaron de formar parte del Imperio Español a ser colonia inglesa, holandesa o judeo-norteamericana, con sus Honrosas Excepciones, como el Ecuador en época de Gabriel García Moreno, la Argentina en época de Juan Manuel de Rosas o el Paraguay en época de Francisco Solano López, los tres con trágicos finales por su firmeza frente a la perfidia extranjera). El trajo la bandera con los colores amarillo azul y rojo (aunque en diferente orden, tal lo demuestra el historiador e investigador guayaquileño Sr. Eduardo Estrada Guzmán), y fue él quien impuso el nombre de Colombia, que quería dárselo a todo el continente sudamericano, como un homenaje a Colón – tan patriota era, que quiso darle al nombre de su nueva nación el de un genovés al servicio de su odiada España-.
Posteriormente, el 25 de mayo y el 16 de Julio de 1809, en Chuquisaca y en La Paz -respectivamente-, estallaron también los movimientos revolucionarios con los que se inició la emancipación política – mas no económica, ni cultural, ni social como tampoco en los demás países del continente- de lo que hoy es la República de Bolivia. Todo esto, antes del 10 de agosto de 1809-, y en cambio la historiografía marxista o pseudo-tradicionalista ha querido ver en este hecho, un mero acto de suplantación de funciones económicas guiadas por viles intereses materiales, la primera; y un acto de traición a la legalidad esto suena familiar a nuestros liberales fanáticos amantes de la legalidad- Virreinal o Real, sin entender su legitimidad, la segunda; así, vale recalcar la interpretación, o mejor dicho la realidad del 10 de Agosto cómo un acto “Restaurador” y no independentista (ver “La revolución política durante la época de la independencia, El Reino de Quito 1808-1822, por Jaime E. Rodríguez O., Quito 2006, Editado por la Universidad Andina Simón Bolívar y la Corporación Editora Nacional) –como las juntas que se formaron en las Españas peninsulares- y de fidelidad al Imperio y al Rey –por pésimo que fuera este-, frente a los abusos del Virreinato que entonces no representaba a la legítima dinastía sino al invasor francés en la figura de “Pepe Botellas”, José Bonaparte ; por tanto la legitimad del Virrey y de sus representantes no eran más validas-.“Se propuso entonces -tal era el objetivo- deponer a las autoridades de la Audiencia que obedecían a los franceses y nombrar a las autoridades criollas que gobernaran en nombre de Fernando VII, considerando además -muy seriamente- la posibilidad de que el Rey venga a gobernar desde América” (Efrén Avilés Pino, en la Enciclopedia del Ecuador).
Lamentablemente y como era propio y de esperarse de un monarca Borbón, Fernando VII, no solo que no entendió nada, sino que al volver al trono premió e incitó a los entes y personas que SI ocasionarían la “independencia”, como el Virrey del Perú Abascal y Sousa o a Murillo en Venezuela, que con sus acciones brutales crearían el ambiente propicio para que hasta para que los mas monárquicos y fieles, empezaran a dudar de la causa de la Hispanidad y de su Imperio, y los subversivos se aprovecharían de esto, diríamos pues, que una mano muy maquiavélica con tufo masónico planifico muy bien todo para la destrucción del más grande y ultimo Imperio – en su sentido tradicional- de Occidente, fuera realizado entre la complicidad del gobierno español y de los subversivos americanos.
Bien dijo alguien de Fernando VII :
“El muy miserable de Fernando, cuando volvió al trono, desconoció el esfuerzo americano en favor de su real trono y nos llamó traidores, ¡basura! Lo único bueno que hizo en su vida fue eliminar la horca (lo cual Dios le habrá tenido en cuenta) porque resto fue una serie de bajezas de todo tipo, incluidas sus rapacerías de tahúr por los prostíbulos de Madrid. Si la tradición sufrió, fue por su culpa. No muchos lo comprendieron y prefirieron mantenerse fieles a la figura real, antes que a la Patria. Así les fue.”
“…con la Independencia americana, los tradicionalistas españoles no pueden aceptar que, la parte mayúscula e intransferible de la culpa la tiene la dinastía reinante, al traicionar primero a España y luego a América… Es verdaderamente un sacrilegio pensar que nuestros antepasados MINTIERON por espacio de años y se jugaron la vida por una mentira (con independencia de la heráldica semi-masónica que cualquiera podría encontrar en la época) como sería el mantenimiento de la memoria y autoridad del rey Fernando.”
II. Contexto Histórico
Quito, la más antigua capital de América del Sur, se encontraba a principios del Siglo XIX en una crisis moral, política y económica –como muchas otras partes de América, Nuestra América-, que bajo el influjo de ideas nuevas y subversivas venidas de Europa (donde la “Rev.” Francesa hacia sus estragos) y de Estados Unidos , siendo la mayor y más desastrosa de esta ideas, la de la inexistente, antinatural e irreal igualdad como “principio inmortal” que aunaba y servía como caldo de cultivo a los “revolucionarios”, subversivos en verdad, que querían la separación de España, un ejemplo típico de esto es el “ilustre” Eugenio de Santa Cruz y Espejo. Mas estas ideas no fueron las que propiciaron la Revolución, aquí en su sentido verdadero de re-volver o volver a los orígenes sacros, del 10 de agosto de 1809.
Bien vale citar el ejemplo de la “realista”, “monárquica” y “reaccionaria” Maria Antonia Bolívar, hermana del “libertador” (hasta ahora ¿no sabemos de qué?) que nos pinta un claro cuadro de las verdaderas intenciones y resultados de los “independentistas” –guiados por las logias masónicas desde Europa-:
“…Cuando los reformadores de Venezuela empezaron sus movimiento para cambiar la faz del
Gobierno, no pude manifestar de otra suerte mi disgusto y oposición a aquellas novedades que
abandonando la capital y retirándome al pueblo de Macarao.
Desde aquel retiro vi sucederse las vicisitudes y progresivos horrores de tan funesta revolución con
el dolor propio de una mujer reflexiva y de una tierna madre que veía desaparecer a pasos
precipitados la tranquilidad general del territorio, que observaba el incremento que tomaban las
divisiones intestinas, el espíritu de la discordia, EL FANATISMO DE LA IGUALDAD y otros monstruos
desoladores de los pueblos.
Demasiado apegada a mis principios declamé muchas veces contra la falsa filosofía que nos
arrebataba el estado de orden para hacernos sucumbir en el desorden y en la anarquía y en el
piélago insondable de males y peligros que nos circundaban por todas partes…”
(María Antonia Bolívar a la Real Audiencia de Caracas, 28 de agosto de 1816, Boletín de la
Academia Nacional de la Historia, reproducido en el Boletín de la Academia Nacional de la
Historia, No. 131, Tomo XXXIII, Jul-Sept, 1950, p. 321.)
La crisis política y moral se profundizó con la invasión de los franceses a la España peninsular; “Los habitantes de Reino de Quito respondieron a la crisis de la monarquía con gran patriotismo y determinación. Reconocieron a Fernando VII como su Rey legitimo y amado, rechazaron a Napoleón y contribuyeron con fondos –y personas, como el Crnel. Carlos Montufar, hijo de Juan Pio Marques de Selva Alegre que tuvo destacada y heroica participación en el conflicto, siendo condecorado por el Consejo de Regencia – para apoyar la guerra en la Península, además de preparar para defender la nación de los opresores franceses. El 6 de Octubre de 1808, la ciudad de Quito, por ejemplo recibió noticia de que:
‘Napoleón Bonaparte, emperador de los franceses tiene prisioneros a nuestro Rey y Señor natural Don Fernando Séptimo, con su Real Familia, …(El) ayuntamiento… penetrado de los más justos sentimientos de su amor, y lealtad por la religión, la Soberanía de su Rey, y la Patria, da sus más vehementes muestras, sin excusar la de sacrificar sus vidas y haziendas… Por ahora no puede dilatar la de hacer que entienda el Mundo, que esta fieLísima ciudad no reconoce, ni reconocerá otro Soberano que al Señor Don Fernando Séptimo, aunque sea a Costa de la última gota de la sangre de sus venas, que derramaría con la Mayor Gloria.’ ( Actas del Consejo de Quito, 1808 )
En marzo, abril y mayo las 1809, las noticias en torno a las victimas españolas alentaron temporalmente a los habitantes del Reino. Quito, Cuenca y otras ciudades hicieron “rogativas publicas en acción de gracias por las victorias que las armas españolas de la Patria madre, han conseguido contra el emperador de los franceses”. El entusiasmo se propago y fue expresado de diferentes maneras. Con Misas y actividades sociales.
Al mismo tiempo llegaron noticias sobre la formación de la Junta Suprema Central y Gubernativa del Reino, noticias que acrecentaron el sentimiento de que la situación en la península mejoraba… A principios de marzo, Quito celebró, “…después de una Misa solemne en las manos del ilustrísimo Señor Obispo… el juramento de reconocimiento a la Junta Suprema” en la Catedral.
A continuación se procedió por parte del Consejo, a solicitar la representación de diputados hispanoamericanos en las Cortes, esta fue cumplida; los diputados americanos fueron con instrucciones muy minuciosas a España, para velar por los derechos de la Patria, la Grande y la Pequeña, todos juraron lealtad a Fernando VII.
“Antes de que los delgados recién electos de América pudieran reunirse con la Junta Central, los franceses renovaron su ofensiva para conquistar la península. La Junta Central se replegó primero a Cádiz y más tarde a la isla de León, el último punto de España libre del dominio francés gracias a los cañones de la armada británica. El 29 de Enero de 1810, la asediada Junta Central, nombró un Consejo de Regencia que se encargaría de gobernar el país, y dos días después se disolvió.”
Las noticias de estas calamidades aterraron a los americanos, muchos de los cuales consideraron que España no sobreviria en calidad de Monarquía independiente. No sorprende, en consecuencia, que en 1809, aun cuando estaba en marcha el proceso de elección de los representantes a la Junta Central, estallara a lo largo del continente una serie de movimiento a favor de la autonomía dirigidos por la elite y los grupos de profesionales. Los primeros movimientos se produjeron en los dos reinos sudamericanos a los que no se había otorgado representación ante la Junta Central: La Audiencia de Charcas en mayo y julio, y la Audiencia de Quito el diez de Agosto de 1809. (ver “La revolución política durante la época de la independencia, El Reino de Quito 1808-1822, por Jaime E. Rodríguez O., Quito 2006, Editado por la Universidad Andina Simón Bolívar y la Corporación Editora Nacional)
III. La Revolución de Quito. ¿Independencia subversiva o Restauración en el Orden Imperial?
La influencia de Francia sobre España fue tan poderosa, que no le resultó difícil al usurpador hacer efectiva su autoridad en las Colonias “La generalidad de las Autoridades españolas en América parecieron inclinarse ante el hecho consumado y dispuestos a acatar el decreto firmado por el Consejo de Indias, que los confirmaba en sus empleos y les mandaba reconocer las cesiones acordadas… pero no así los súbditos que, para manifestar su adhesión a la familia real, arrojaron públicamente a las llamas la proclama del Rey intruso y expulsaron a sus emisarios” (José Le Gouhir y Rodas.- Historia de la República del Ecuador, tomo I, p. 71).
En efecto, para enfrentar esta situación, en cada provincia y ciudad grande de España se formaron “Juntas Soberanas de Gobierno” que rechazaron al régimen usurpador de José Bonaparte, proclamando y defendiendo además los derechos de Fernando VII. El concepto de estas “Juntas” se impuso también en algunas ciudades de América, donde se conformaron otras “Juntas” con el mismo y único propósito de defender los derechos del monarca español a quien correspondía la corona.
Morales y Quiroga, que habían sufrido las afrentas del régimen usurpador virreinal, son los motores para la consumación de los hechos en la Junta Suprema de Gobierno de Quito, y quienes aunaron e incitaron a la nobleza criolla a tomar el reto de fidelidad a la Causa de la Hispanidad. (ver: http://elotroecuador.wordpress.com/2008/08/02/historia-viii/ )
“Con mucha habilidad Morales y Quiroga convencieron también a distinguidos quiteños como Juan Salinas, Nicolás de la Peña, Juan Pablo Arenas, Francisco Xavier Ascázubi, y el presbítero Dr. José Riofrío, entre otros, con quienes -invocando los derechos de Fernando VII- se reunieron el 25 de diciembre de ese mismo año en la hacienda de Chillo de don Juan Pío Montúfar, Marqués de Selva Alegre, para organizar la primera Junta Suprema de Gobierno de Quito.”
“Se propuso entonces -tal era el objetivo- deponer a las autoridades de la Audiencia que obedecían a los franceses y nombrar a las autoridades criollas que gobernarían en nombre de Fernando VII, considerando además -muy seriamente- la posibilidad de que el Rey venga a gobernar desde América.” (Efrén Avilés Pino)
Y comenzaron las reuniones de los patriotas en la casa de Manuela Cañizares.
En la noche del 9 de agosto los conjurados se reunieron una vez más en casa de Manuela Cañizares, y luego de ultimar los detalles relacionados con el movimiento revolucionario, obedeciendo a una propuesta de Morales y Quiroga procedieron a destituir al Conde Ruiz de Castilla del cargo de Presidente de la Audiencia –que obedecía a Lima y no a Bogotá como era debido- y a conformar una nueva Junta Suprema que gobernaría a nombre y en representación de S. M. Fernando VII.
Miembros de esta Junta -aunque no estuvieron presentes- fueron nombrados don Juan Pío Montúfar, Marqués de Selva Alegre, en el cargo de Presidente; el obispo José Cuero y Caicedo fue designado vicepresidente; como vocales se nombró al Marqués de Villa Orellana, al Marqués de Solanda, al Conde de Casa Guerrero, al Marqués de Miraflores, a Don Manuel Zambrano, a Don Manuel Matheus y a Don Pedro Montúfar; y en los despachos de lo Interior, Gracia y Justicia, y Hacienda fueron nombrados Juan de Dios Morales, Manuel Quiroga y Juan Larrea, respectivamente.
Esta nueva Junta Suprema -al igual que la primera- nunca habló de independencia y, por el contrario, demostró su fidelidad a España jurando lealtad a la Corona y proclamando su respaldo total e incondicional a su “amadísimo soberano Fernando VII”.
Eran las 3:00 de la madrugada cuando el Cap. Salinas salió al mando de un grupo de milicianos para intentar capturar el Cuartel Real de Lima, al tiempo que otra comisión era enviada para dominar a la caballería. Salinas no tuvo problemas para tomar el cuartel cuyas tropas, arengadas ardorosamente por él mismo, se pronunciaron unánimemente por el nuevo orden.
La comunicación entregada al Conde Ruiz de Castilla era clara y directa, y decía que: “La actual situación de inestabilidad de España, el total aniquilamiento de las autoridades legítimamente constituidas y los peligros que la Corona del amado Fernando VII y sus dominios corren de caer en poder del tirano de Europa, han empujado a nuestros hermanos transatlánticos a formar gobiernos provisionales para su seguridad personal tanto en contra de las maquinaciones de algunos de sus traicioneros paisanos, indignos del nombre de españoles, como contra las armas del enemigo común. Los leales habitantes de Quito, resueltos a preservar para su legítimo Rey y Señor esta parte de su reino, han establecido una Junta Soberana en esta ciudad de San Francisco de Quito, de la cual, y por orden de su Alteza Serenísima el Presidente -el Marques de Selva Alegre- y los vocales, tengo el honor de informar a Su Señoría y de anunciarle que las funciones de los miembros del antiguo Gobierno han cesado. Dios guarde a Su Señoría por muchos años. Sala de la Junta, en Quito, Agosto 10 de 1809. Manuel Morales, Secretario del Interior” (William B. Stevenson.- Veinte Años de Residencia en Sudamérica, p. 73).
Así podemos entender que los quiteños entendían que “el poder político era sagrado y recibía de Dios –y no de los hombres y de su legalidad- su legitimidad absoluta. Atentar contra él era ofender al orden natural que el Creador había puesto en las cosas. Era factible sí, la existencia de gobernantes injustos – como lo sería Fernando VII y la mayoría de los Borbones- , pero como el Estado no lo poseía todo como ahora, el Cabildo ejercía un efectivo contrapeso, impidiendo y contrarrestando la omnipotencia del poder político.” (Los ciclos de la decadencia argentina, Prof. Marcos Ghio, Buenos Aires, 1985)
Pues en la estructura “colonial”, existía “por debajo el cuerpo social cohesionado gracias a la presencia en cada Municipio de un órgano de representación natural –y tradicional- que no han conocido los modernos. Nos referimos al Cabildo. En el Cabildo, a diferencia con lo que sucede en nuestros parlamentos, los habitantes tenían una presencia efectiva: allí estaba toda la comunidad presente ocupando autentico sitial, desde los vecinos más ilustres, hasta los delegados de los órganos profesionales. El Cabildo dio dos cosas fundamentales a nuestra Patria. En la armonización paciente de intereses contrapuestos, preservó durante más de un cuarto de milenio la paz social y el orden interno. La sociedad colonial desconoció algo que será en la nuestra un fenómeno cotidiano, esto es la ‘Revolución’; o sea el cambio abrupto y repentino del orden político. Para los hombres de la Colonia la Revolución era imposible pues era una contradicción en los términos.” (Los ciclos de la decadencia argentina, Prof. Marcos Ghio, Buenos Aires, 1985)
Y vemos como el movimiento del 10 de Agosto, se manifestó “el 16 de agosto, por disposición de la Junta Suprema y de su Presidente, don Juan Pío Montúfar, Marqués de Selva Alegre, en la Sala Capitular de San Agustín y al amparo de un retrato de Fernando VII -ubicado en sitio preferencial-, llevando a cabo un Cabildo Abierto al que asistieron con toda pompa y lujo las personalidades más representativas de la ciudad, del ayuntamiento y del clero; rectores de las universidades, miembros del Colegio de Abogados, de la Nobleza Criolla y de la Administración; militares y religiosas, nobles y vecinos .”
En dicho Cabildo -celebrado seis días después de la asonada- el recién nombrado Presidente de la Audiencia de Quito, don Juan Pío Montúfar, Marqués de Selva Alegre, habló de la defensa del Monarca legítimo y de la propiedad de la patria, y tal lo afirma el Dr. Aguirre Abad en la página 156 de su documentado Bosquejo Histórico de la República del Ecuador, don Juan Pío Montúfar “concluyó excitando a la unión diciendo: Viva nuestro Rey legítimo y Señor natural Don Fernando VII, y conservándole, a costa de nuestra sangre, esta preciosa porción de sus vastos dominios, libre de la opresión y tiranía de Bonaparte, hasta que la divina misericordia lo vuelva a su trono, o que nos conceda la gloria de que venga a IMPERAR entre nosotros”.
“Estos tratamientos, que constan en el Acta del 10 de Agosto, no hacen otra cosa que confirmar que no se trataba de un movimiento independentista sino de un golpe de estado eminentemente monárquico”. (Efrén Avilés Pino)
Mas ahora, profundicemos en los documentos que nos proporcionan los revolucionarios de agosto, de esa “Revolucion de los Marqueses” (Se le dio el nombre de la “revolución de los marqueses”, debido a que los que conformaron la Junta Suprema del 10 de Agosto de1809 fueron: “Su Alteza Serenísima” o “El Serenísimo” Marqués de Selva Alegre, Don Juan Pío Montúfar y Larrea, como presidente, el Marqués de Solanda, el Marqués de Villaorellana, el Marqués de Miraflores, el Conde de Selvaflorida; Don Manuel Matheu y Aranda – su sobrino Manuel Ascázubi y Matheu Conde de Puñorostro, aunque nunca utilizó el título, sería el cuarto Presidente de la República- de la casa de los Condes de Puñonrostro y Marqueses de Maenza, Grandes de España; Don Manuel de Larrea de la casa de los Marqueses de San José y del Vizcondado de de Casa Larrea, Don Juan José Guerrero y Mateu, Conde de Casa Guerrero y de la misma casa de los Marqueses de Maenza; Don Manuel Zambrano de la casa condal de Selvaflorida y Don Melchor Venavides) para poder entender en su verdadera magnitud y significado.
Citamos fragmentos del acta de “independencia”, para entender el verdadero espíritu de la misma: “(se conforma) una Junta Suprema que gobernará interinamente a nombre y como representante de nuestro soberano, el señor Fernando Séptimo, y mientras Su Majestad recupere la península o viniere a IMPERAR (otra vez, no reinar, o regir, sino IMPERAR, es decir la noción de Imperio y no de Colonia esta siempre presente en la época) en América”… “La Junta como representante del Monarca tendrá el tratamiento de Majestad, su Presidente el de Alteza Serenísima; y sus vocales el de Excelencia”… “Prestará juramento solemne de obediencia y fidelidad al Rey en la Catedral inmediatamente y lo hará prestar a todos los cuerpos constituidos así eclesiásticos, como seculares.- Sostendrá la pureza de la religión, los derechos del Rey, los de la Patria y hará guerra mortal a todos sus enemigos, principalmente franceses, valiéndose de cuantos medios o arbitrios honestos les sugiriesen el valor y la prudencia para lograr el triunfo”, también la junta instauró un “Protector General de Indios”, … “Dado y firmado en el Palacio Real de Quito, a diez de agosto de mil ochocientos nueve”.
Era tan “independentista” el acta, que hasta se firmo en el Palacio Real de Quito.
Y leemos el juramento de los participes del hecho:
“Juro por Dios y sobre la cruz de mi espada defender a mi legítimo Rey, Fernando VII, mantener y proteger sus derechos, sostener la pureza de la Santa Iglesia Católica Romana y obedecer a la autoridad constituida”
- ¿juramento de “independentistas”?-
Se repetía, una vez más, el juramento de lealtad a España y a Fernando VII; pero nadie ha considerado que un juramento es un compromiso de honor y que quien lo incumple es un cobarde o un traidor (a si mismo incluso).
A las diez de la mañana, quienes habían participado en la revuelta se reunieron en el Palacio del Presidente con los miembros de la Junta Suprema de Gobierno y procedieron a suscribir el Acta Constitutiva del Nuevo Gobierno o Acta del 10 de Agosto de 1809.
Ese mismo día y por disposición del Marqués de Selva Alegre, en la Plaza Mayor y ante la presencia del escribano Anastasio Olea, amparado por el Pendón Real –y no el rojo solo que se ha pretendido contra todos los documentos históricos fue usado en esas fechas- que presidía la marcha de los soldados, el mestizo Clemente Cárdenas -pregonero de oficio- promulgó el primer bando de la corporación suprema.
“La Junta de Gobierno establecida en Quito el 10 de Agosto de 1809, se titulaba Suprema y debía mandar en la provincia de Quito y las de Guayaquil y Panamá, si voluntariamente querían unirse, y atribuyéndose el tratamiento de Majestad, dio a su presidente el de Alteza Serenísima y á sus miembros el de Excelencia (…) El juramento que hizo la junta y que exigió a cada uno de los empleados y corporaciones fue de obediencia y fidelidad a Fernando VII…” (Carlos Benedetti.- Historia de Colombia, p. 377; Imprenta del Universo de Carlos Prince, Lima 1887).
Ahora podemos repasar, lo que el 4 de septiembre, la Junta Soberana de Quito envió a los pueblos de América; un comunicado -firmado por Quiroga, en su calidad de Ministro de Gracia y Justicia- que en algunas de sus partes decía: “Pueblos de América: La sacrosanta Ley de Jesucristo y el IMPERIO (nuevamente se habla de IMPERIO) de Fernando VII, perseguido y desterrado de la Península, han sentado su augusta mansión en Quito… Pueblos del continente americano: Favoreced nuestros santos designios, reunid vuestros esfuerzos al espíritu que nos inspira y nos inflama. Seamos uno. Seamos felices y dichosos y conspiremos con el único objeto de morir por Dios, por el Rey y por la Patria. Esa es nuestra divisa. Esa será también la gloriosa herencia que dejaremos a nuestra posteridad” (¿Son estos los ideales de quien busca la independencia?, definitivamente no). (Alfredo Ponce Rivadeneira.- Quito: 1809 – 1812, según documentos del Archivo Nacional de Madrid – Madrid 1960, p. 157-158 / Nueva Historia del Ecuador, E. Ayala Mora, Tomo 6, p. 98 ).
IV. Conclusión
Así podemos concluir con Efrén Avilés Pino en su monumental Enciclopedia del Ecuador que “la revuelta quiteña no era independentista. Tan no era independentista, que los firmantes del Acta del 10 de Agosto de 1809 nombraron, en representación de los barrios de Quito, como lo señalamos anteriormente, a distinguidos “Nobles Quiteños”, miembros fieles de la Corona Española, tales como el Marqués de Selva Alegre, el Marqués de Villa Orellana, el Marqués de Solanda, el Marqués de Miraflores, el Conde de Selva Florida, etc, etc, etc,… Pero el pueblo no participa del nuevo gobierno, el nuevo gobierno está conformado por esa elite de monarquía criolla…”
De esta forma, el 10 de Agosto debe estar considerado por nosotros, como un verdadero acto patriota de Restauración y de Revolución en su verdadero sentido –de re-volver a los orígenes sacros, en este caso de IMPERIO, tantas veces mencionado por los próceres de Agosto-, que mantuvo las creaciones del orden natural y del orden tradicional que serán duraderas y sobrevivirán el mismo arrastre de la Revolución y de sus trágicas y brutales consecuencias (como el 2 de Agosto de 1810, o el fusilamiento del Crnel. Carlos Montufar por los gobernantes peruanos, instrumentos de las fuerzas ocultas para la independencia). Así pues, el 10 de Agosto de 1809, fecha liminar de nuestra Historia, se lo deberemos también al Cabildo. Pero atención, no se trata aquí de una edición ecuatoriana del movimiento jacobino, ni de una asonada liberal; por el contrario el espíritu tradicional del Cabildo y de la Aristocracia, podrá encauzar el movimiento revolucionario hacia un acto de preservación de nuestra cultura (no olvidemos: “Sostendrá la pureza de la religión, los derechos del Rey, los de la Patria y hará guerra mortal a todos sus enemigos, principalmente franceses”, reza una parte del acta del 10 de Agosto). Evitando que el modernismo Borbón que arrastraba y que finalmente arrastro y arrasó a España, también destrozara estas tierras, reserva viva de la Cristiandad.
Entonces, vale repetir, que el 10 de Agosto de 1809, representa un acto restaurador que se verá reforzado, consolidado y guiado únicamente con el triunfo de García Moreno –aunque teniendo sus merecedores y necesarios antecesores en las figuras heroicas del Crnel. Carlos Montúfar, en el Gral. Juan José Flores y en Don Vicente Rocafuerte, todos ellos integérrimos defensores del orden sacral, jerárquico y monárquico –el poder de uno- de la política, y también teniendo sus dignos sucesores como Placido Caamaño y Aparicio Rivadeneira; ninguno de estos personajes podía concebir un gobierno sin poder espiritual y sin haber sido ungido desde Lo Alto. García Moreno, así, quiso restaurar o mejor “regenerar” las figuras culturales y políticas existentes en el periodo “colonial” mejor Imperial como debería ser conocido, y su antecedente histórico inmediato es la Revolución Restauradora de Quito de Agosto de 1809, en verdad una Fiesta Patria.
Por Kitohispánico II
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ANEXO:
ACTA DEL 10 DE AGOSTO DE 1809
Nos, los infrascritos diputados del pueblo, atendidas las presentes circunstancias críticas de la nación, declaramos solemnemente haber cesado en sus funciones los magistrados actuales de esta capital y sus provincias; en su virtud, los del barrio del Centro o Catedral elegimos y nombramos por representantes de él a los Marqueses de Selva Alegre y Solanda, y lo firmamos.- Manuel de Angulo, Antonio Pineda, Manuel Cevallos, Joaquín de la Barrera, Vicente Paredes, Juan Ante y Valencia. Los del barrio de San Sebastián elegimos y nombramos por representantes de él a don Manuel Zambrano, y lo firmamos.- Nicolás Vélez, Francisco Romero, Juan Pino, Lorenzo Romero, Manuel Romero, Miguel Donoso.- Los del barrio de San Roque elegimos y nombramos por representantes de él al Marqués de Villa Orellana y lo firmamos.- José Rivadeneira, Ramón Puente, Antonio Bustamante, José Alvarez, Diego Mideros.- Los del barrio de San Blas elegimos y nombramos por representantes de él a don Manuel de Larrea y lo firmamos.- Juan Coello, Gregorio Flor de la Bastida, José Ponce, Mariano Villalobos, José Bosmediano, Juan Unigarro y Bonilla.- Los del barrio de Santa Bárbara elegimos y nombramos por representantes de él al Marqués de Miraflores y lo firmamos.- Ramón Maldonado, Luis Varas, Cristóbal Garcés, Toribio Ortega, Tadeo Antonio Arellano, Antonio Sierra.- Por el barrio de San Marcos elegimos y nombramos por representantes de él a don Manuel Mateu y lo firmamos.- Francisco Javier Ascázubi, José Padilla, Nicolás Vélez, Nicolás Jiménez, Francisco Villalobos, Juan Barreto.- Declaramos que los antedichos individuos unidos con los representantes de los Cabildos de las provincias sujetas actualmente a esta gobernación y a las que se unan voluntariamente a ello en lo sucesivo, como son Guayaquil, Popayán, Pasto, Barbacoas y Panamá, que ahora dependen de los virreinatos de Lima y Santa Fe las cuales se procurará atraer, compondrán una Junta Suprema que gobernará interinamente a nombre y como representante de nuestro soberano, el señor Fernando Séptimo, y mientras Su Majestad recupere la península o viniere a imperar en América, elegimos y nombramos por Ministros o Secretarios de Estado a don Juan de Dios Morales, a don Manuel Quiroga y a don Juan de Larrea, el primero para el despacho de Negocios Extranjeros y de la Guerra, el segundo para el de Gracia y Justicia y el tercero para el de Hacienda; los cuales como tales serán individuos natos de la Junta Suprema. Esta tendrá un Secretario Particular con voto y nombramos como tal a don Vicente Alvarez.- Elegimos y nombramos por representantes por Presidente de ella al Marqués de Selva Alegre.- La Junta como representante del Monarca tendrá el tratamiento de Majestad, su Presidente el de Alteza Serenísima; y sus vocales el de Excelencia, menos el Secretario Particular a quien se le dará el de Señoría.- El Presidente tendrá por ahora y mientras se organizan las rentas del Estado seis mil pesos de sueldo, dos mil cada vocal y mil el Secretario Particular.-Prestará juramento solemne de obediencia y fidelidad al Rey en la Catedral inmediatamente y lo hará prestar a todos los cuerpos constituidos así eclesiásticos como seculares.- Sostendrá la pureza de la religión, los derechos del Rey, los de la Patria y hará guerra mortal a todos sus enemigos, principalmente franceses, valiéndose de cuantos medios o arbitrios honestos les sugiriesen el valor y la prudencia para lograr el triunfo. Al efecto y siendo absolutamente necesaria una fuerza militar para mantener el Reino en respeto, se levantará prontamente una falange compuesta de tres batallones de infantería sobre el pie de ordenanza y montada la compañía de granaderos: quedando por consiguiente reformadas las dos de infantería y el piquete de dragones actuales. El jefe de la falange será Coronel y nombramos tal a don Juan Salinas, a quien la Junta habrá de reconocer inmediatamente. Nombramos de auditor general de guerra con honores de Teniente Coronel, tratamiento de Señoría y mil quinientos pesos de sueldo a don Juan Pablo Arenas y la Junta le hará reconocer. El Coronel hará las propuestas de los oficiales, los nombrará la Junta, expedirá sus patentes y las dará gratis el Secretario de la Guerra. Para que la falange sirva gustosa y no le falte lo necesario, se aumentará la tercera parte sobre el sueldo actual desde soldado arriba.- Para la más pronta y recta administración de justicia creamos un Senado de ella compuesto de dos salas Civil y Criminal con tratamiento de Alteza. Tendrá a su cabeza un Gobernador con dos mil pesos de sueldo y tratamiento de Usía Ilustrísima. La Sala de los Criminal, un Regente subordinado al Gobernador con dos mil pesos de sueldo y tratamiento de Señoría; los demás ministros con el mismo tratamiento y mil quinientos pesos de sueldo; agregándose un Protector General de Indios con honores y sueldo de Senador. El Alguacil Mayor con tratamiento y sus antiguos emolumentos.- Elegimos y nombramos tales en la forma siguiente: Sala de lo Civil: Gobernador don José Javier Ascázubi; Decanos, don Pedro Jacinto Escobar, don José Salvador, don Ignacio Tenorio, don Bernardo de León.- Fiscal, don Mariano Merizalde.- Sala de lo Criminal: Regente: don Felipe Fuertes Amar, decano, don Luis Quijano.- Senadores, don José del Corral, don Víctor de San Miguel, don Salvador de Muergueitio.- Fiscal, don Francisco Javier de Salazar.- Protector, don Tomás Arechaga.- Alguacil Mayor, don Antonio Solano de la Sala.- Si alguno de los sujetos nombrados por esta Soberana diputación renunciare al cargo sin justa y legítima causa, la Junta la admitirá la renuncia, si lo tuviere por conveniente, pero se le advertirá antes que será reputado como tal mal patriota y vasallo y excluido para siempre de cualquier empleo público.- El que disputare la legitimidad de la Junta Suprema constituida por esta acta tendrá toda libertad bajo la salvaguardia de las leyes de presentar por escrito sus argumentos y una vez que se declaren fútiles, ratificada que sea la autoridad que le es conferida se le intimará a prestar obediencia lo que no haciendo se le tendrá y tratará como reo de Estado.
Dado y firmado en el Palacio Real de Quito, a diez de agosto de mil ochocientos nueve.- Manuel de Angulo – Antonio Pineda – Manuel Cevallos – Joaquín de la Barrera – Vicente Paredes – Juan Ante y Valencia – Nicolás Vélez – Francisco Romero – Juan Pino – Lorenzo Romero – Manuel Romero – Miguel Donoso – José Rivadeneira – Ramón Puente – Antonio Bustamante – José Alvarez – Juan Coello – Gregorio Flor de la Bastida – José Ponce – Mariano Villalobos – Diego Mideros – Vicente Melo – José Bosmediano – Juan Guijarro y Bonilla – Ramón Maldonado – Luis Vargas – Cristóbal Garcés – Toribio Ortega – Tadeo Antonio Arellano – Antonio de Arellano – Antonio de Sierra – Francisco Javier de Ascázubi – José Padilla – Nicolás Jiménez – Francisco Villalobos – Juan Barreto
mierda que interesante
http://ingenierocool.wordpress.com/2008/08/25/idiotas-terricolas-la-obsesion-venezolana-con-el-nombre-simon-bolivar/
[...] por rey, o bajo un régimen republicano” como indica el historiador francés Marius André (ver: http://elotroecuador.wordpress.com/2008/08/10/historia-xiii-y-orientaciones-xi/) . Y muchos más no se tragaron el cuento de la “madrastra patria” que nos “pintaron” desde [...]
Bendiciones
Ruth